¿Por qué a los madrileños se les conoce con el nombre de «gatos» y «gatas»?

¿Sabías que a los madrileños se les llama “gatos”? Pues, en este artículo vamos a descubrir por qué se les conoce con este curioso mote a los nacidos en la capital.

Sí, habéis leído bien, no todos los madrileños son gatos, eres gato si naciste en la ciudad y antes tus padres y tus abuelos también lo hicieron (¡los cuatro abuelos y los dos padres, por supuesto!); eso es, los gatos son únicamente aquellos madrileños que descienden de varias generaciones de nacidos en Madrid.

Como pasa muchas veces, esta es una historia por la que no hay una única explicación, todo lo contrario; de hecho, hay varias teorías que intentan explicar el porqué de este gentilicio.

Una de las explicaciones posibles se remonta al siglo XI, al año 1085, cuando el rey Alfonso VI, decidió conquistar Madrid. En aquella época, Madrid todavía estaba bajo dominio musulmán y se conocía con el nombre árabe de «Mayrit».

La ciudad estaba rodeada por una gran muralla, lo que complicaba los planes de conquista del rey, pero todo cambió gracias a las habilidades de un soldado.

Según las crónicas, mientras el rey y las tropas cristianas esperaban en silencio al otro lado de la muralla de la ciudad, un joven y valiente soldado decidió trepar la muralla de la ciudad, que medía 12 metros de altura, armado únicamente de una daga. Tal fue la habilidad y la rapidez del soldado que el rey exclamó: “parece un gato”.

Cuando el ágil muchacho superó la muralla, se dirigió hacia una de las tres torres de la fortaleza y cambió la bandera árabe por la cristiana, esta fue la señal para que las tropas comenzaran a tomar la ciudad.

A partir de este hecho, empezaron a llamarlo “gato” y también a los miembros de su familia. Se dice que, al cabo de un tiempo, se cambió el apellido por Gato y que todos los apellidados así son descendientes del valiente soldado. Se cree, incluso, que el poeta Juan Álvarez Gato descendía de la famosa familia Gato y que, por ello, en su honor existen en la ciudad una calle que lleva su nombre, la calle Álvarez Gato, y el Callejón del Gato.

Otra teoría se remonta a la Edad Media, concretamente a la época de los cristianos. La leyenda cuenta que había que pagar un peaje para entrar en la ciudad. Los que no querían pagar dicho impuesto se veían obligados a escalar la muralla de la ciudad, al igual que los gatos, ágil y rápidamente, para no ser vistos.

Existe también una tercera hipótesis, más creativa, que alude a las costumbres propias de los madrileños. En concreto, se dice que, al igual que a los gatos, a los madrileños les gusta mucho salir por la noche y disfrutar de la vida nocturna.

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– Lorena Schlösser y Giulia Luongo.